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Homenaje Al Prof. Dr. Osvaldo Fustinoni

HOMENAJE AL PROF. DR. OSVALDO FUSTINONI

Dr. Pablo A. López

La Asociación Médica Argentina rinde por este medio su más sentido homenaje a la memoria del Prof. Dr. Osvaldo Fustinoni, quien fuera Miembro Honorario Nacional e integrante del Tribunal de Honor de la Institución.

Había nacido en Buenos Aires en 1909.

Destacado médico humanista, fue el arquetipo del médico clínico con la más amplia visión de la Medicina, colmado de honores por el aval de su extensa y proficua trayectoria. Basado en su recia personalidad, llegó por su labor en la docencia universitaria, por su relevante actuación en el ámbito científico y la medicina asistencial, a los más altos cargos que un médico puede aspirar.

La vida del médico tiene múltiples facetas que lo lleva a enfrentar distintos caminos. Los más arduos son aquellos que impelidos por la voz de nuestras conciencias, lo obligan a estudiar siempre, a perfeccionarse, a enseñar y a dar a conocer sus experiencias. Fustinoni recorrió brillantemente estos tramos. De allí la profusión de todos los títulos honoríficos con los que fue galardonado. Maestro, en el más amplio sentido del vocablo, formó una Escuela que honró a la Medicina Argentina.

Comenzó sus estudios de medicina en 1927 y se graduó con Diploma de Honor en 1932, ingresando como médico en la Sala IX del viejo Hospital de Clínicas, dirigida a la sazón por el Prof. Tiburcio Padilla. Allí conoce a los entonces Jefes de Clínica los Dres. Pedro Cossio y Rodolfo Dassen junto a quienes Fustinoni volcaría todos sus esfuerzos ahíto de ciencia y conocimientos. Allí heredó el arte de enseñar con deleite, desarrollando los pequeños y grandes síntomas, de comprenderlos y jerarquizarlos para reunirlos en cuadros definidos de lógica coherencia y armonía. Se hizo cargo de la Cátedra de Semiología en el año 1956 como Profesor Titular.

Fué un eximio pedagogo. Sabía enseñar con gestos sobrios y adecuados, con el auxilio de una voz agradable y suave como sus sentimientos. Hace ya un siglo Trousseau alarmado por los excesos del cientificismo le decía a sus alumnos: "Señores, un poco menos de ciencia y un poco más de arte". Es que el maestro Fustinoni en su larga y fecunda docencia fue un médico clínico clásico, determinista, experimental pero no cientificista. Lo demuestran sus publicaciones que no son catálogos de citas. Hizo clínica determinista porque estudió las causas próximas y lejanas e hizo clínica experimental porque ensayó nuevos medicamentos y puntualizó sus resultados posi-tivos o negativos, pero hizo sobre todo clínica humana, aliviando el dolor físico y moral, teniendo siempre presente al hombre dolorido con sus angustias y esperanzas. Por ello fue un activo luchador contra la despersonalización y la automatización del arte médico.

En el año 1960 por circunstancias personales (su suegro era Embajador argentino en París) se vinculó en Francia con la figura emblemática de la patología renal de entonces, el prof. Jean Hamburger, con quien luego al visitar Buenos Aires, y a propuesta del Prof. Fustinoni crearían la Sociedad Argentina de Neurología.

Recibió de Francia la "Orden al Mérito" y las "Palmas Académicas". En su formación médica predominó el modelo francés, que en líneas generales significa profundizar la relación con el paciente. Fue en numerosos casos un médico de familia y un confesor. Aprendió a bucear en el examen físico del paciente y a no ignorar que también tiene un alma y un nombre propio.

Fundó y presidió la Sociedad de Gerontología y Geriatría de la que fue su mentor.

Creó una Escuela de Clínica Médica de la cual salieron los profesores titulares de 9 Cátedras de Medicina.

Siendo joven aún fue Académico de la Academia Nacional de Ciencias y su Presidente entre 1989 y 1993. Fue consultor del Hospital Naval y co-fundador de la Sociedad de Endocrinología.

En el año 1979 ocupó el sitial N° 1 de la Academia Nacional de Medicina. En su discurso de incorporación destacó que "Las leyes y las normas de la sociedad señalan al médico los límites de su actividad, pero no todo puede ser contemplado por esas leyes y esas normas, y es entonces que debe tomar la decisión de si su conducta se ajusta a los principios de la ética y la moral. El médico no puede ver sólo la faz científica de las enfermedades prescindiendo de la realidad del enfermo y de su dolor. Por encima de lo legal y de lo jurídico reina el interés del enfermo, siendo lo primordial curar la enfermedad, aliviar el sufrimiento y prolongar la vida".

Entre 1994-95 presidió la Academia Nacional de Medicina.

En 1962 fue electo Decano de la Facultad de Medicina UBA. Se preocupó durante su go-bierno universitario de intensificar los trabajos prácticos y los cursos de perfeccionamiento. No fue un gobierno de oficinas sino de salas y laboratorios.

Fue designado Profesor Emérito de la UBA en 1975.

En el año 1995 recibió en el Hospital Francés el Premio "Arco de Triunfo". Escribió numerosos libros, destacándose "Sistema Nervioso" en colaboración con sus 2 hijos Osvaldo (h) y Juan Carlos, y el "Tratado de Patología Médica" en colaboración con Fongi y Rospide.

Fue durante 30 años presidente y luego Presidente de Honor del Instituto Cultural Argentino-Israelí. Fue notable su gran cultura humanística proyectada en el "Instituto Popular de Conferencias" (Universidad libre, denominación de Loudet) que presidió con gran brillo por fructíferos años, como expresión de libertad de pensamiento y tolerancia.

En el año 1979 en ocasión de recibir el Premio "Maestro de la Medicina" dijo: "he aquilatado mis méritos desde mi ya lejana promoción y luego de una larga trayectoria vital en la que logré sucesivamente los títulos de Doctor, Profesor y Académico y creía con ello colmadas mis aspiraciones, me sorprende ahora el de "Maestro de la Medicina" que conmueve las fibras más íntimas de mi espíritu y trae a mi memoria el recuerdo del gran Sarmiento, que habiendo alcanzado las más altas magistraturas de la Patria, confesaba que su titulo más preciado, aquel por el que se sentía más ufano, era el de Maestro".

Luchó siempre por lo noble de la vida. Fue un mentor y un Maestro. Fue un médico que honró su Juramento Hipocrático. Al rendir homenaje a la memoria de este gran hombre, cum-plo con un imperativo por lo mucho que le debemos por todo lo que luchó por jerarquizar y dignificar a la profesión médica, que al decir de Loudet, es indudablemente la "más humana de todas".

Dr. Pablo A. López
Vocal Titular de la A.M.A


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